Como se puede leer en la web de UNICEF, el Comité sobre los Derechos del Niño apunta que “el entorno digital puede incluir información sesgada, con estereotipos de género, discriminatoria, racista, violenta, pornográfica, de explotación y que usa un discurso de odio, así como narrativas falsas, información errónea y desinformación, desvirtuando el derecho de la infancia a la información desde el origen y poniendo en riesgo otros de sus derechos, como el derecho a la protección, la privacidad o la no-discriminación”.

De este modo avisan de que el ciberespacio o internet -llámese como se quiera- no solo ofrece una gran oportunidad para acceder a todo tipo de información o para crear contenidos propios, sino que también está jalonado por múltiples peligros a los que no solo están expuestos los más pequeños, sino también los adultos.

 

Peligros en la red

Hablar a estas alturas de que en la red se esconden numerosas amenazas casi puede sonar a perogrullo, dado que se lleva alertando sobre estos riesgos desde hace un par de décadas. Y a pesar de todo, las autoridades y los organismos especializados no cejan en su empeño de concienciar a la población acerca de ello, ya que, desgraciadamente, las cifras de ciberataques no dejan de crecer y la complejidad de estos evoluciona a la misma velocidad que la tecnología en general. Es decir, cuando se celebra un avance tecnológico, la alegría también llega al bando de los ciberdelincuentes, ya que se abren nuevas vías para crear amenazas.

En el caso de la infancia, a los peligros habituales se unen otros que afectan especialmente a los más pequeños: ciberacoso (que se puede traducir en humillaciones, agresiones, insultos o chantajes a través de las redes sociales), grooming (que son las acciones que lleva a cabo un adulto sobre un menor para ganarse su amistad y conseguir imágenes o vídeos de contenido sexual y que pueden acabar incluso en abusos sexuales) … De hecho, tal y como publica Educación 3.0, el informe ‘Violencia Viral’ que ha elaborado Save the Children asegura que en 2019 los tipos de violencia más sufridos por los menores fueron la exposición a contenidos de carácter sexual y/o violento sin consentimiento, el ciberacoso y el citado online de grooming.

 

Todos deben aprender

El hecho de incidir en la concienciación de la población deja muy claro que la labor de educación no solo compete a los niños, sino que los adultos también han de adecuarse a esta nueva realidad. Uno de los principales problemas es que en ocasiones el aprendizaje es común, es decir, los padres y profesores se enfrentan a algunas ciberamenazas por primera vez, y eso implica que no cuentan con la habitual experiencia que en otros campos de la vida pueden proporcionar a los más pequeños.

Por poner un ejemplo, cualquier adulto responsable puede aconsejar ante posibles peligros que los niños se pueden encontrar en la calle; sin embargo, muchos de ellos no saben cómo concienciar o aconsejar cuando se mueven en el ciberespacio. Y la razón no es otra que el desconocimiento.

Esto dibuja un escenario más complejo para mejorar el aprendizaje en ciberseguridad de los niños. ¿Qué hacer entonces?

 

¿Cómo proteger a los niños de las amenazas en Internet?

Aun teniendo en cuenta la situación comentada, los adultos han de proveer a los pequeños con las herramientas adecuadas para que se puedan enfrentar a esos peligros que les acechan en la red; al tiempo que deben protegerlos en la medida de sus posibilidades. Hay que recordar que las amenazas ya no solo se circunscriben a lo que ven en una pantalla, sino que llegan al mundo real. No es necesario recordar los casos de pederastia o abuso físico…

Así, las principales medidas restrictivas que se pueden tomar -especialmente por parte de los padres- son las siguientes:

Como cabe esperar, conforme los niños van creciendo, algunas de estas medidas dejan de ser válidas o suficientes, con lo que lo más conveniente es proporcionar las herramientas que les permitan a ellos detectar cualquier amenaza.

“Bloquear y restringir algunas funcionalidades de Internet, como se hace con frecuencia, es una medida efectiva que protege a los pequeños de la casa de algunos peligros, pero que no les ayudará en el medio y largo plazo. Por tanto, si los padres realmente quieren que sus hijos disfruten del mundo virtual de forma segura, la solución es enseñarles cómo mantenerse a salvo por sí mismos, ya que esto les permitirá contar con buenos hábitos a la hora de navegar por Internet, evitar ciberriesgos, etc… Vivimos en un mundo cada vez más digitalizado, por lo que formar a los más pequeños en ciberseguridad es una apuesta segura para mantenerles a salvo a la hora de adentrarse en la red, además de abrirles nuevas puertas para una futura carrera profesional”. Con estas palabras, Mario García, director general de la compañía Check Point para España y Portugal, confirma la importancia de la adquisición de conocimientos sobre ciberseguridad, o más bien, sobre ciberamenazas.

Además, no se trata de que los niños únicamente aprendan a evitar páginas pornográficas o fraudulentas. “Los niños vienen con un smartphone o tablet debajo del brazo, son nativos digitales y desde muy pequeños utilizan los dispositivos electrónicos para visualizar contenido audiovisual y jugar online. Son actividades aparentemente inofensivas, pero que conllevan riesgos asociados, como puede ser el consumo de contenidos no apropiados para su edad, el uso excesivo o el contacto inadecuado con otras personas a través de Internet, por lo que desde muy pequeños es importante adquirir una madurez y formación adecuada en ciberseguridad”, explican desde Incibe, el Instituto Nacional de Ciberseguridad español.

 

Cómo fomentar el conocimiento en ciberseguridad

El primer paso que debe darse es acompañar al niño en el proceso de aprendizaje y de concienciación, y si es necesario, formarse simultáneamente. Existen múltiples iniciativas que ayudan a esta labor: desde juegos, hasta vídeos que ayudan en la explicación de los peligros que les acechan en la “oscuridad” de Internet. 

No obstante, se trata de un trabajo casi diario, tal y como ocurre con las amenazas que existen en el “mundo real”. Y es que hay que tener presente que para ellos la vida en la red (juegos, redes sociales, portales de contenidos…) es una importante porción de su ocio -e incluso estudio- diario, de manera que hay que dejar de distinguir entre unos peligros y otros. A fin de cuentas, todos ellos suponen una amenaza para su seguridad. 

Respecto a las vías para fomentar el conocimiento de los pequeños, los expertos suelen coincidir en las siguientes recomendaciones:

La personalidad de los adolescentes está todavía en construcción y puede verse alterada por un mal uso de las nuevas tecnologías. Por este motivo, Fundación Mapfre puso en marcha hace tiempo y mantiene activa una campaña, “Controla tu red”, para sensibilizar a los padres, los educadores y los jóvenes sobre las consecuencias que puede tener el uso abusivo de las nuevas tecnologías y promover un uso responsable de las mismas. 

“Controla tu red” es un programa que trabaja con niños de 11 a 16 años en España, Malta y varios países de Iberoamérica. A través de talleres, guías y material para familias y profesores se han desarrollado en colaboración con la Policía Nacional, referente en este ámbito, para garantizar de manera integral la seguridad de los menores en el entorno educativo. 

Los objetivos de este programa https://www.fundacionmapfre.org/educacion-divulgacion/salud-bienestar/actividades-educativas/controlatic/ son:

Por desgracia, cada vez es más habitual el delito de acoso a los menores a través de dispositivos electrónicos. Lo que antiguamente quedaba en el patio del colegio (y no, por ello, menos importante) ahora se extiende más allá y esto supone una dificultad añadida para que padres y educadores puedan detectar el acoso. La innovación y la inclusión de coberturas ajenas al sector asegurador cada vez es más habitual en las pólizas y Mapfre hace unos años dio un paso más al incluir en sus seguros de hogar coberturas como la de protección digital (que incluye la emisión de un certificado de veracidad para casos de violencia digital a menores que sirve como documento en la presentación de una denuncia).